Romance del Indio
El indio de nuestra América,
pobre, roto, desgraciado,
necesita el Abecé
y debemos procurárselo.
Desde el fondo de los tiempos
viene el indio, nuestro hermano,
desde que de perdió su imperio,
desnudo, ignaro y trotando.
Sobre su negra cabeza
pasan mil vientos ingratos:
¡dolores, penurias, duelos
Injusticias, cuántos, cuántos !
¿La choza? Pobre la choza.
La manta escasa, el sol largo,
al alma triste, el silencio,
y el machete resonado.
Burro de recarga y reata
Miró en él el castellano,
cuando el encomendero
dueño y señor de estos agros.
Llevó el mecapal a cuestas
por diadema, resignado
y tal lo cuentan las crónicas
de por vida vivió esclavo.
¡Pobre del indio, sumiso
en su actitud de fracaso
alma en cuclillas que sufre
la explotación de los amos !
Y sobre el lomo agua y sol,
y por taimado pasando,
coronado de sudor,
y el machete resonando.
Y todas las lenguas, todas,
la democracia exaltando,
cuando el derecho del indio
es tortas y pan pintado.
Por que él poseyó su tierra
y de ella fue despojado,
porque él no tiene camisa,
porque el jornal es escaso.
Valiera más por tus manes,
valiera más, indio hermano,
que hasta el fondo de los tiempos
tornaras para ser bravo.
Altivo, rebelde, fuerte,
y libre como los dantos,
centinela de tus montes,
de plumajes coronado.
Valieras más que volvieras
a tender tu recio arco
e hicieras vibrar la flecha
teniendo el cielo por blanco.
Y así como ayer tendrías
las águilas en tus manos
y no serías viandante.
De este crepúsculo infausto.
¡Del crepúsculo que brilla
tu machete resonando!