Si deseas contribuir o aportar al enrequesimiento de esta imformación envianosla desde aqui.

| Contáctanos | mail gratis | Inicio del Web Site | Index Historia |


"Pero vea que raro. Aquí está el centro ceremonial y un poquito a la izquierda la cruz cristiana de mayo, pero entre ambos lugares hay una formación rocosa que simula la cara de un anciano acostado. Si uno tiene la paciencia para examinar la mole con la necesaria imaginación, también mirará el pecho, la mano puesta sobre el cuerpo y las piernas del enorme gigante... Ese que está ahí, en medio de dos lugares sagrados, es Mixtli, "El Señor de las Nubes".


HARVEY WELLS MOLLER

En la breve salita de su casa donde ha instalado su personal taller de pintura, comenzamos a conversar con una institución humana de la cultura jinotegana, el profesor Harvey Wells Möller. Extrovertido, explosivo, alegre, proclive a la ternura y a la carcajada, Wells Möller, utiliza la leyenda de Mixtli, "El Señor de las Nubes" para hacer observaciones sobre la personalidad social y espiritual de sus coterráneos.

"Mixtli -continúa explicando Wells-, era un joven de aquí de estos lugares. Era diferente a los demás porque en lugar de estar participando en las labores cotidianas de su tribu o en los juegos propios de la adolescencia, prefería pasar sentado al pie de esta montaña contemplando las nubes que siempre vienen del Norte en este mi pueblo. Él quería hablar con los dioses. Yo me imagino a Mixtli intentando saber cómo sería la cara de Cuculcán, los gestos y las razones de Chirinagua. Me lo imagino interrogando permanentemente a los cielos, a los elementos, a los astros.

"Pero usted sabe que los dioses castigan la tradicional pretensión humana de ser como ellos, y Mixtli fue castigado. Los dioses hicieron que envejeciera en un día y que se convirtiera en un gigante de piedra con el castigo eterno de cuidar las nubes de Jinotega.

"Me decía don Ramón Valdés, que es un hombre muy culto del lado de Rivas, que la leyenda de Mixtli tiene muchísimo en común con otras leyendas como la de Prometeo, que quiere ser como los dioses y no ve que está desnudo frente a los poderes. En todas las leyendas va a encontrar lo mismo, me decía, pero fíjese bien que Prometeo se quedó eternamente encadenado a una roca por un castigo divino, posiblemente nuestros dioses indígenas hicieron algo parecido, al castigar a Mixtli que puede ser el símbolo de nosotros mismos, eternamente viendo las nubes, eternamente cuidando el lugar y, posiblemente, Mixtli tenga muchísimo que ver con nuestra idiosincrasia".

Harvey Antonio Wells Möller nació en Jinotega el 9 de febrero de 1932. "El Wells me viene de mi padre cuya familia venía del Condado de Wells en Inglaterra, ahí la gente acostumbra tomar como apellido el nombre del lugar, y el Möller es por mi abuelo materno, que era natural de un pueblo cercano a Hamburgo, en Alemania. Mi abuelo vino a esta ciudad a principios del Siglo XX y se estableció como comerciante, comprador y exportador de café.

Soy un autóctono jinotegano a pesar de lo raro del nombre. Realmente soy, sin farsantería, más jinotegano que los jinoteganos.

- ¿Cómo trazaría un retrato psicológico del jinotegano?

- Me gustaría comenzar con una frase que era de mi papá, él adoraba este pueblo y decía que los jinoteganos tenemos un problema, no podemos ver más allá porque vivimos en un hoyo, rodeados de montañas. En parte creo que mi papá tenía mucha razón, la gente que vive junto al mar tienen un horizonte amplio todos los días y sus sueños son navegar, avanzar, sobrepasar cualquier límite: Nosotros no, en Jinotega nos levantamos y nos encontramos con la visión de esas montañas rodeándonos, no puede negarse que son preciosas porque son verdes como esmeraldas, porque están cubiertas de brumas, pero nuestra vista no va más allá... Mixtli se subía al cerro para poder descubrir horizontes.


CUALIDADES Y DEFECTOS DEL JINOTEGANO

Yo no sé cuánto ha influido el medio ambiente en nuestro carácter, pero nosotros los jinoteganos somos un poco localistas, sin quererlo o queriendo estamos encadenados a estos lares, yo diría que somos un poco apáticos, no nos interesa salir de Jinotega, es como si quisiéramos que todo girara alrededor de este pueblo... Vivimos cuidando este hoyo, como decía mi padre.

Pero en realidad el jinotegano tiene excelentes cualidades, son gente buena, alegre, expresiva, creativa y acogedora. También tenemos fama de ser buenos y honrados trabajadores, gente que se caracteriza por producir con calidad y que se siente muy orgullosa de lo que hace.

Quizás me estoy refiriendo a un anacronismo que todavía tiene mucha vigencia, aunque parece que en los últimos tiempos han cambiado algunas cosas, pero esto ocurre no solamente en Jinotega sino en todo el país. A esto han contribuido las situaciones políticas, las guerras, los avances técnicos, los medios de comunicación social. Ha cambiado mucho la actitud de la gente.

-Entonces ese paisaje montañoso y verde que tanto admiro ¿ha influido para que los jinoteganos tengan una cultura encerrada?

-Yo creo que sí. Si analizamos a los grandes de Jinotega, por ejemplo a don Alfredo Alegría, que en mi opinión es un excelente poeta que abarcó no una sino muchísimas escuelas, Alfredo en su poesía está encerrado dentro de las bucólicas montañas de San Juan de Jinotega. Si nosotros vemos la obra de nuestros pintores -aunque no vivan aquí-, la temática pictórica es la de esta región. Por ejemplo hay un muchacho que se llama Mauricio Rizo -LA PRENSA ya publicó algunas de su maravillas-, pero Rizo a pesar de que está en Managua sigue viviendo y sintiendo el paisaje jinotegano. Cuando uno mira sus cuadros dice: "¡Si esto es Jinotega!", y si lo vemos en todos los ámbitos culturales, nosotros estamos como cerrados al reto, como que no nos gustan las nuevas corrientes, quizá a eso se daba que en Jinotega son pocas las personas que sobresalen y cuando lo hacen es cuando se han marchado de aquí. Capacidad sí tenemos, lo que no tenemos es el espíritu de "reventar el cascarón", esa sería la palabra correcta.

Si usted lee por ejemplo a Iván Uriarte, poeta, escritor y alumno mío, notará que a pesar de su estilo moderno, de su escuela vanguardista y todo, a Iván se le salen las plumas jinoteganas cuando escribe.

-¿Se conoce mucho de Jinotega en el exterior?

-Yo creo que nuestro conservadurismo ha contribuido a que sea poco conocida en el ámbito nicaragüense, en el centroamericano y en el campo internacional. Eso no es justo pues con sólo venir a Jinotega usted se dará cuenta que tiene maravillas. Si voy por la carretera a mí se me llenan los ojos de verde cuando veo esas montañas de jade, mi emoción se acrecienta si logro vislumbrar el Lago de Apanás, sus numerosos parajes y sus atardeceres de oro, o cuando paso por esas carreteras húmedas y cubiertas con velos de brumas. Nosotros tenemos todo eso, pero esa belleza de Jinotega no es anunciada, no es presentada a los demás.
LOS QUE SE VAN Y NO VUELVEN

Extranjero que viene se enamora de Jinotega, eso es tradicional. Aquí hay familias que existen porque algunos extranjeros vinieron y se enamoraron de la ciudad y de sus campos, aquí encuentra usted nombres como los Dalla Torre, que vinieron de los Alpes del Tirol para quedarse, nombres como el de mi abuelo, Pablo Möller, la familia Frenzell de Alemania, una gran cantidad de apellidos árabes y chinos que ya son parte de nuestro pueblo, es gente que se enamoró de Jinotega.

Pero en cambio los jinoteganos decimos lo contrario, que "Jinotega es muy linda para verla en una tarjeta postal, pero es mejor que me manden esa tarjeta allá donde voy, porque fuera de aquí hay mayores oportunidades de triunfar y de hacer dinero".

El problema de vivir aquí es encontrarse inmediatamente con limitaciones en cuanto a oportunidad de trabajo, de conseguir una posición en la vida. Para quedarse sólo basta una cosa, enamorarse de Jinotega como me enamoré yo... Y a mí no me hacen salir de aquí.

-¿Qué nos dice de su vida de maestro y artista?

-Mi vida ha sido el magisterio. Trabajé cincuenta años en diversos lugares de Nicaragua, di clases en primaria, secundaria, pero especialmente -en los últimos 35 años-, en escuelas normales. Cuando me llegó la hora de jubilarme, busqué una forma de no perder el sentido de mi vida y encontré más realización en la pintura, y pensé que yo podía hacer algo para revivir algunas tradiciones artesanales de mi pueblo, es por eso que me he dedicado a pintar y a remozar un poco la cerámica negra.

LOS MISTERIOS DE LA CERAMICA NEGRA

La cerámica negra era preciosa hace setenta, ochenta años. Hoy no lo es porque se ha vulgarizado mucho su elaboración. No se hace con el interés antiguo que se cifraba en la pieza bien hecha, elegante, fina, sugestiva y bella. Hoy no, cualquier persona puede trabajar la cerámica negra porque recibió un cursillo y hay que tener paciencia para pedirle que sean un poco más dedicada con lo que hace. Por eso yo me empeño en "remozar" la cerámica negra. Tengo algunas piezas en las que trabajo con buril con el que trato de revivir el estilo de las señoritas Montenegro que vivían aquí en Jinotega, ellas decoraban la cerámica con imágenes de pájaros inexistentes, con unas flores de pura ilusión. Yo pinto las aves de mi pueblo, las flores de mi pueblo y les agrego un poquito de técnica al aplicar colores metálicos.

La cerámica negra tiene un origen indígena, su color depende de la tierra que se encuentre en el lugar, el "tagüe" que llamaban nuestros indígenas. Hasta donde yo se, el lugar más excelente en cerámica negra está al sur de esta ciudad, en las localidades de "El Tanque" y "El Horno" porque ahí crecen los pinos, y para dar el verdadero toque a la cerámica negra se tiene que utilizar la ceniza de la hoja del pino. Hoy se falsifica la cerámica produciendo el color con colochos de madera de pino y si no con cualquier zacate. Eso hace desmerecer la artesanía.

-¿Tiene horno y todos los elementos para hacer cerámica?

-¡Ya quisiera yo! No, no, no. Hace muchos años recibí una especie de taller para aprender a trabajar en barro, pero no poseo torno ni un taller. Lo que hago es buscar a la persona que trabaja la cerámica negra, ver la calidad de lo que hace y realizar sobre esas piezas diseños que salgan de los modelos tradicionales.

Antes de comenzar a pintar empiezo a imaginar cómo es mi pueblo en la madrugada, en la mañana, a mediodía bajo el sol brillante, durante los céfiros de la tarde, bajo la lluvia, en medio de la niebla, en verano, en invierno... Y hago un cuadro que aunque tal vez está inspirado en una fotografía, al agregarle mis pequeños detalles siento como que vuelvo a mis mejores tiempos, a la vez que doy un testimonio de mi pueblo.

TODO SOBRE MI PUEBLO

Tengo limitaciones. Yo nunca estudié pintura, pero ahora que estoy retirado aprendo técnicas por mí mismo.

Estoy preparando una colección de cuadros sobre las leyendas de Jinotega. Pienso plasmar, por ejemplo, la leyenda "Del Gobiado", que es una de las más bellas.

Ya tengo en la imaginación al Príncipe del Gobiado cabalgando a medianoche por las calles de la ciudad.

También pienso pintar la saga "De los compadres", que son dos fuegos fatuos que aparecen por el este en la época de mayo y junio.


MIXTLI Y LA MUJER DE LOT

¿No estará pasando con los jinoteganos lo mismo que pasó con Mixtli, que se quedó para siempre contemplando las nubes?, le pregunté al profesor Wells. "A lo mejor -respondió-, lo que pasó fue que Mixtli fue castigado por intentar ser un dios, pero hay otros que se convierten en estatuas de sal simplemente por querer aferrase al pasado"


Fuente. http://archivo.laprensa.com.ni/archivo/2002/septiembre/22/nuestra_gente/nuestra_gente-20020922-01.html


Las inferencias jinoteganas del profesor Harvey Wells
El profesor Harvey Wells, describe al jinotegano como localista, lo que a veces le impide ver más allá de su "pueblo", aunque también le reconoce excelentes cualidades, entre ellas: ser buena gente, alegre, expresivo, creativo, acogedor y trabajador honrado.

"Allá por 1705 vino a Jinotega un sacerdote franciscano, se llamaba Antonio Margil de Jesús. Lo primero que hizo fue colocar una cruz sobre ese cerro. De acuerdo con la biografía que tengo de ese fraile, que data de 1775, puso ahí la cruz para luchar contra los brujos de Chirinagua", explica este notable jinotegano.

"Y vea que interesante -añade-, la cruz quedó sobre la misma Cordillera Isabelia que viene bordeando la ciudad, pero si caminamos pocos metros hacia allá, encontraremos que ahí está Chirinagua que fue un centro ceremonial dedicado al Dios Sol. No por casualidad Chirinagua significa "lugar del tigre amarillo" que viene siendo el Sol, o sea el Quetzaltcóatl que reverenciaban los mexicanos, cuya fiesta era en el mes de mayo cuando llegan las lluvias y comienzan las siembras.