La feria.

Y vi en el mercado vil los mercaderes
tasando sus ganancias o porfía,
llenando el vientre de lisonjas y oro
en medio de una bárbara alegría.

Y a Shylock, corruptor, la garra llena
de la sangre propicia,
con el hambre devorante de la hiena,
sorber el crúor con sed y con delicia.

Y vi el despojo y cinismo crudo
de los asaltadores del rebaño,
Y oír negra a Cristo en noche lóbrega
envuelta en cobardía y desengaño.

Y vi al pobre caer hundido en fango
y al soberbio subir con giro ledo,
y a la borracha plebe en el fandango
tramar al ritmo musical del miedo.

Y al oro vi en su  zócalo suntuoso
–grandeza amontonada del pillaje –
ebrio de orgullo, lleno y poderoso,
y a sus pies, como un perro, el Homenaje.

Y a su lado la hedionda muchedumbre
–lodo y sudor– en miserable enjambre,
devorando su misma podredumbre.
al son macabro del tambor del Hambre.

Y en obscuro tugurio la justicia
como una meretriz se prostituía;
y escuché el retintín de las monedas
y el crepitar obsceno de la orgía.

Y vi más, mucho más… por todas partes
el pus manando se la carne viva,
suplantando el Honor las malas artes,
la faz del Bien cubierta de saliva.

–¡Cielos!– grité.– ¿Por qué tanta nequicia?
¿Este es el mundo de paz y armonía?
y clamaron los Cielos: – ¡Tened fe!
¡No ha llegado la hora todavía!
Poemas de Alfredo Alegría

| Contáctanos | mail gratis | Inicio del Web Site | Index Historia | Indice de Poemas |