VIDA Y COSTUMBRES DE LOS JINOTEGANOS EN EL SIGLO PASADO.


A principios de siglo, las costumbres de los jinoteganos eran sumamente sencilla y en algunos aspectos no se apartaba mucho de la vida campestre. La gente se movilizaba a caballo y personas adineradas tenían en sus casas caballerizas donde manejaban bestias de buena calidad, que ocupaban en sus trabajos o paseos.

Dueños de ganado mantenían en los suburbios vacas de ordeño, que llevaban a sus propias  casas, para que la familia tomara "leche caliente", por lo general con pinolillo y azúcar. Era costumbre generalizada entre familias y amigos el intercambio de ornados y golosinas. El agua para los menesteres caseros, provenía de pozos abiertos en los patios, de pozos excavados en las riveras del río o comprada a vendedores ambulantes que en bestias de carga, la traían en cojincillos conocidos como "El Chorro" al oriente de la ciudad y cuyo expendio se hacia por lata. Un aguador muy conocido que por  muchos años se dedico a este oficio, fue don Laureano Cruz. No fue sino hasta el año 1930, durante la administración municipal de don José Antonio López, que tuvo Jinotega al primer servicio de agua por cañería. Los domingos y fiestas de guardar, se veía a la gente muy presurosa encaminarse al templo parroquial para asistir a misa, luciendo sus mejores trajes.

Estas costumbres fueron cambiando bajo la influencia de los inmigrantes, al introducir nuevos estilos de vida y diversos, nuevos tipos habitacionales, etc., que fueron dando otro aspecto y nueva vida a la población, sin perder por ello, nuestra entidad. A este cambio contribuían los adelantos que se daban en el ornato local. A iniciativa del jefe político, don Rafael César Medina, se construyó un parque en la vieja plaza engramada que había frente al templo parroquial, en cuyo centro se erigió un artístico kiosco con buena acústica, que convirtió el lugar en sitio de recreo y donde semanalmente se daban conciertos musicales. Antes de 1915, Jinotega alumbraba sus calles con lámparas de Kerosén, que colgando de postes, un farolero se encargaba de encender a las seis de la tarde. Se opusieron de moda las giras campestres, siendo muy concurridas en temporada de arrayanes, a los cerros de Saraguasca y Yucapuca; o bien a los Pinos y la Peña de la Cruz, lugar esté que proporciona una panorámica maravillosa de la ciudad y sus alrededores. Se dice que la primitiva cruz que vela nuestro sueño en el cerro al Occidente de la ciudad, fue colocada por Fray Antonio Margil de Jesús. Esta Cruz era  madera y al deteriorarse, fue sustituida por otra y así sucesivamente, en diferentes épocas, por piadosos creyentes, entre otros: presbítero Eudoro Reyes, don Emilio Stadthagen, doña Lola Rosales de Palacios, Hermanos de la Salle, presbítero Alberto Valencia Villegas y finalmente por gremio de albañiles de Jinotega, que la erigieron en firme concreto.

El día 24 de junio, fiestas de San Juan Bautista , era costumbre efectuar carreras de gallos. Para tal efecto, un grupo de jinetes visitaba a los juanes de la ciudad, a quienes se les pedía un gallo para ser corrido. Frente a la casa del festejado se tenía un mecate que cruzaba la calle a la altura de los tejados. En el centro y colgado de las patas se ponía el gallo. A continuación los jinetes, uno a la vez, lanzaban su caballo a toda carrera tratando de arrancar la cabeza al gallo, lo que no era muy fácil debido a la velocidad del caballo y los movimientos del gallo tratando de librarse. Así continuaba la carrera hasta que alguien conseguía el objetivo. El Juan festejado, estaba obligado a obsequiar aguardiente a los participantes de la corrida.

Entre los campesinos, esta fiestas si es que así se puede llamársele, era diferente, se llamaba "el baile del gallo" y se procedía así: se enterraba un gallo vivo dejando fuera únicamente el pescuezo. Luego un apersona vendada y armada de un machete empezaba a bailar al compás de la música, lanzando machetazos al ras del suelo tratando de cortar  la cabeza del animal. Si no se conseguía en determinado tiempo, tomaba turno otro participante, continuando de esta forma hasta que alguien acertaba a cortar la cabeza del gallo. No sabemos cuando ni donde se originaron estas diversiones un tanto bárbaras.

En contrates con estos eventos mencionaremos los galantes torneos llamados Carreras de Cintas, que por primera vez se realizaron en jinotega en 1908 y de las que no entraremos en detalle por que todavía se celebran esporádicamente con algunas ligeras variantes.  


 
 
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