Cromos Solariegos

Al  Dr. Raúl Hazera

–I–

Ceniciento e hidrópico el invierno se acerca,
azuzando sus lentos nubarrones obscuros.
Para forzar los disques del barranco y las peñas,
al río va a nacerle la pujanza en los muslos.

Y la espesa corriente veremos desde el puente,
arrastrar el descuaje de los bosques cercanos,
mientras la lluvia tiende su gárrula cortina
sobre los techos grises, oloroso a barro.

–II–

La neblina decora los montes con su leve
enredadera. El seno de la montaña es casto.
De vendajes suavísimos cubre el árbol su cuerpo.
Rebaños de blancura se cuajan en el prado.

¿Qué pasa en la montaña? ¿Algún
ángel , acaso,
que de Dios pastorea los rebaños celestes,
los apriscos azules  esta vez no ha cerrado?
como dulces recuerdos de la niñez las rutas
de la vida y del retorno, del mundo se han borrado.

   –III–

Cromo ingenuo de un tiempo florido de parábolas,
la sierra es un retablo de bíblicos motivos.
Manso buey de las eras, frente al surco que humea,
bajo los pinos rumia sus recuerdos antiguos.

Y aparece la estrella que guió a los tres Reyes Magos  
hacia Belén. Se pueblan de rumores  las sendas.
Suenan de los pastores las flautas rusticanas
y perfuman los pinos la ritual Nochebuena.

El niño esta radioso como un lucero en ascuas.
la Virgen le hila una camisita de luna.
En tanto el buey le arropa con sabanas de baho
y San José le aduerme con cantares de cuna.

Pinos de Nochebuena, símbolos de mi tierra,
no se puede decir Navidad sin vosotros,
y hasta se siente uno algo monje y poeta
a la sombra balsámica de vuestro viejos troncos.

–IV–

Estos cipreses “góticos”  tienen aire cristiano;
largos sayales glaucos se dijera que visten;
sus lúgubres siluetas, casi negras, oscilan
con una aire infinito de agonía. Son tristes.

Yo los he visto en esas noches de pedrería
sideral, asomarse, para ver a la  luna
surgir tras los cerros. ¡Místicos caballeros
de un Greco delirante, bajo la noche bruja!

Y cuando en el coloquio la blonda luna llena,
recostada en los hombros de sus monjes amados,
les dijo sus ternuras, la envidia de los perros
conoció, con su aullido, la alarma de los gallos.

–V–

Pinos, niebla, cipreses, la garra devorante
del tiempo nos acecha. Pero el canto y vosotros
darán si flor eterna, y de aquí en adelante
nuevas resurrecciones vendrán tras vosotros.
Poemas de Alfredo Alegría

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