Canto al árbol

A Hernan Robleto.

Árbol de dulce voz como la voz de un arpo
rozada por la mano del viento, arpa de flores,
copas de cantos llena, florida y rebosante
de luz, ebria de estrellas de azul y de horizontes.

Árbol que en la hora blanca del Ángelus semejas
un ángel que rezara una plegaria agreste,
por que alado eres, árbol, alado como un ángel,
cuando la luz te baña de un éxtasis celeste.

Por ti la tierra luce como una verde joya
de músicas, inmensa; por ti la tierra es fiesta,
alegría la vida, red de cantos el monte,
y el  mundo una grandiosa, sinfónica floresta.

Tus ramajes un día al primer hombre alegraron
con sus sombra, ala vera del arroyo fluyente;
y con tus innumerables oídos vegetales
en el Edén oíste la voz de la serpiente.

Para que no acabara la existencia en el mundo
tú diste de comer a millones de seres;
vestiste a los desnudos, y a tu amparo fecundo
crecieron las ciudades, se cumplieron deberes.

Salve a ti, gloria a ti, en nombre de la lluvia
y de la mariposa, del cielo azul, del ave;
a ti, cantor sublime, que por la flor, y el fruto
tienes gestos maternos, dulces gestos de madre.

A ti, cantor proficuo, cuya carne preciosa
hiere el hombre y la torna en techo y en arado,
mientras que de tu herida mana la savia, sangre
de tu canción ¡oh pobre árbol sacrificado!.

¡Salve a ti, gloria a ti en tu himno que cubra
la extensión de la tierra donde arraigas y creces,
árbol lleno de ensueño de belleza y de gracia,
mil veces sacrosanto, bendecido mil beses!

Poemas de Alfredo Alegría

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